sábado, marzo 10, 2012

La mirada profunda del intelectual (A propósito del arte "chicle" y la basura mediática)



¿Qué tan banal puede ser una noticia sensacionalista, un hit musical o una película taquillera? En los tres casos estamos hablando de productos para el consumo masivo que tienen como único fin el vender. Estos productos pueden llegar a ser totalmente intrascendentes, es cierto. Aunque haría falta preguntarse: ¿para quién serían intrascendentes? O mejor aún ¿para qué tipo de observador serían intrascendentes? Lo serían, probablemente, para el observador de lo particular. Para aquel que ve en los hechos problemas particulares y no universales. Para aquél que ve de manera superficial. Para el que ve solo hechos y nada más. Así, pues, muchas expresiones se entienden como banales. Quizá no por las expresiones en sí, sino, ciertamente, por la mirada del observador. Y es que detrás de un hecho siempre se esconde una pregunta. El hecho no hace más que invocarla. Por ejemplo, una noticia que aluda a algún personaje del espectáculo nos despertaría la pregunta: ¿Por qué hay tanta demanda por este tipo de informaciones? Aunque, como ya había dicho, una mirada superficial preguntaría: "¿será cierto o no será cierto que fulano fue infiel?". Es decir, se fijaría únicamente en el hecho, mas no penetraría en su significado. No podría preguntar: ¿por qué razón las personas traicionan su compromiso y son infieles? Esto sería ver lo universal en lo particular, y para mirar de esta forma tendría uno que dejar al hecho en un segundo plano, aunque la mirada superficial nos lleva a hacer todo lo contrario. Luego quizá quiera esto simplificarse afirmando que no es lo mismo mirar que observar. Que el observar implica atención minuciosa. Pero incluso un buen observador puede serlo sin dejar de mirar lo particular. Es decir, en el caso del ejemplo del personaje infiel, quizá podría manifestar una observación como: "Es muy probable que este señor haya sido infiel, puesto que ya tiene antecedentes" o "su padre, el muy célebre, fue un conocido infiel". Uno puede ser muy observador sin salirse del contexto aludido. No tiene nada que ver. En este caso, la mirada del intelectual debería ser altamente penetrativa y perspicaz.
En conclusión, no hay hechos intrascendentes, sino, perspectivas cortas.
El video que he alojado en este post es una composición del cantautor salvadoreño Álvaro Torres titulada "Si estuvieras conmigo". Esta canción (inicialmente una balada) fue convertida al género salsa e interpretada por el cantante Roberto Blades. La letra es completamente entendible, aunque llaman la atención los versos "Quién soy. Adónde voy. Si en este mundo incierto donde vivo yo, lo único que quiero eres tú, mi amor. Mi única verdad". Tras otra interpretación, podría afirmar que tal vez la mujer a la que alude en la canción no sea una mujer en sí, sino el amor mismo. O, hablando en términos arquetípicos, quizá aluda a la diosa del amor (es decir, el amor en ). Y que sufre porque no tiene amor, pues quien está solo, ciertamente es quien no siente amor. No digamos el amor por una mujer o por un hombre, sino amor en general. Quién no ama deja de ser humano y por lo tanto se encuentra en una situación de soledad, de vacío. Ya dijo Fromm que la respuesta al problema de la existencia humana es el amor. Y que su desarrollo conlleva a la disolución del estado de separación con la naturaleza. Desde esa perspectiva pueden entenderse los versos: "Solo. Qué solo estoy. Aún con tanta gente a mi alrededor yo sigo solo". Y el coro se entiende aún mejor. Lo saben los más reflexivos, que cuando uno se enamora de algo o de alguien, es feliz no por amar a ese algo o a ese alguien, sino que en el fondo está enamorado del amor y eso le hace feliz. Uno vive más enamorado de la sensación que de la persona. Es por eso que muchas personas, actividades o cosas nos hacen felices, simplemente porque nos hacen amar.

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