lunes, julio 01, 2013

"El inconsciente está en el cerebro" y otros errores comunes

Es un error muy difundido en los ambientes psicológicos asumir que "el" inconsciente es un lugar depositario de imágenes, o una entidad autónoma, independiente de la conciencia, capaz de decidir por nosotros mismos. Luego se dice "el" inconsciente porque tal idea es tratada con calidad de sustancia, o sea, como sustantivo, como existente. Así, se firma:

"Se entiende que no existe 'un inconsciente' sino 'muchos inconscientes'".­¹

¿Existe empíricamente "el" inconsciente? Demostraremos que no. Pero antes debemos aclarar qué es lo inconsciente, puesto que el error empieza cuando se cree que se está hablando de presencias físicas.

Para empezar, lo inconsciente no es un sustantivo. No es "el" inconsciente sino LO inconsciente. Adjetivo. Es, más bien, una cualidad del sustantivo y del verbo. La cualidad inconsciente. Hay personas inconscientes, procesos inconscientes, pero no el inconsciente en sí. Sustantivar esa cualidad, darle sustancia, sería aceptarla como una existencia empírica. Así, diríamos "el" inconsciente. Este es un grave error que aún hoy continúan permitiéndose diferentes escuelas psicológicas. De allí además que quiera "buscársele" a través de escaneos neuronales por parte de neurocientíficos.

Lo inconsciente es una idea, una noción, como la idea de alma². No existe empíricamente. No puede "verse". Por ejemplo, podemos decir que "existen" los lados izquierdo y derecho. Pero no existen como "cosas físicas", sino como nociones. Tampoco "existen" independientemente de uno u otro. No existe la derecha absoluta ni la izquierda absoluta como presencias en el mundo. Sino, son dos caras de una misma moneda. Dos aspectos de un mismo proceso. Hay un brazo derecho y uno izquierdo. Pero ¿dónde se "ve" la izquierda en sí? No puede verse. Es una noción, una idea. De mismo modo lo inconsciente, no existe independientemente de lo consciente. Porque cuando hay un "darse cuenta" de algo (consciencia) inmediatamente se crea un "no darse cuenta" de lo demás (inconsciencia). El uno no existe independientemente del otro.

Así, este error facilita la desatención a la investigación de la lógica de los procesos psíquicos, y le abre paso a teorías que tienen como base los procesos biológicos, neuronales. De ese modo, decir "el" inconsciente es seguir el camino lógico de la sustancialidad. Y con ello creer que es posible resolver problemas psicológicos a través de la medicación. Pues si "el" inconsciente "está" en el cerebro, toda terapia será vana si no se "arregla" antes la "máquina".

Si lo inconsciente no "está" en el cerebro ¿dónde lo ubicamos?
Este problema se resuelve en el momento en el que comprendemos que lo inconsciente no es un algo físico que tenga que "estar" en un "lugar". Preguntarse ¿dónde están los números, los triángulos, la suma, la resta? es lo mismo que querer saber (o saberlo ya, como se cree) dónde "está" lo inconsciente. Es fácil asumir (ahora) que el cerebro es el depósito y fuente de lo psíquico. Pero las ideas y los conceptos pertenecen a otro plano de la realidad. Por muy potente que sea un scanner no podrá entenderse, por ejemplo, por qué alguien come en exceso, sin sentir ya un "hambre" físico. Aquí actúa lo inconsciente, lo no-advertido. Y esta idea pertenece al plano de los procesos. No está ubicada en un espacio físico, sino en un "espacio lógico".

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(¹) El inconsciente psicoanalítico y el inconsciente cognitivo. Migone, Paolo.
(²) El desarrollo del tema del alma puede encontrarse aquí y aquí también.

lunes, octubre 29, 2012

¿Qué es, psicológicamente, el alma?

Golconda
René Magritte
Habíamos explicado anteriormente el concepto de proceso y mente para poder entender la idea de alma. Ahora podemos enriquecer aún más el concepto, agregando que el alma, además de ser un proceso, un verbo, es un adjetivo.

El alma no es una cosa física, no es una sustancia. Está claro, no es un sustantivo, sino un adjetivo. Ahora, se entiende gramaticalmente al adjetivo como el "que califica o determina al sustantivo". Precisamente es el alma la que le da el sentido a la sustancia, al sustantivo. Es la que lo determina significativamente. Podemos hablar así del "alma del mundo". Es decir, la manera de ser-en-el-mundo¹. Esa manera de ser es el alma. Es decir es la que "impone" el modo de ser.

Debido a que el alma es un proceso, nunca es la misma. El modo de ser-en-el-mundo nunca ha sido igual. Por tanto el alma es histórica. Y aquí se acaban las teorías que digan que el alma es inmutable. Teorías que se argumentan a  través de analogías con lo eterno. El alma es el proceso mismo. Cambia siempre. Pero ¿qué mueve y cambia la manera de ser? ¿Qué determina al alma?

Primero debemos aclarar, una vez más, que no estamos hablando de hechos físicos. El alma, como tal, no existe como hecho físico. El alma es una idea. Es lo mismo que el tiempo o el espacio. No existen. Son ideas que nos permiten entender el mundo. Pero no están en el mundo como está una piedra. Son nociones. Nadie puede "tener", "asirse", un pedazo de tiempo o espacio. Lo mismo ocurre con el cero. Cuantitativamente no existe, pero ayuda a operar matemáticamente. Es necesario. El alma es una idea sin la cual no podríamos entender el mundo de forma psicológica. No pertenece a la physis, sino al logos. Es por eso que a través de la neurociencia jamás podrán desarrollarse problemas anímicos. Solo a través de la idea de alma podemos entender qué ocurre mentalmente en el mundo. La dimensión del alma es la dimensión del logos, del razonamiento, del pensamiento. Allí fluyen las ideas, el conocimiento. Los cuales no pueden "verse" a través de tomografías o escaneos. Solo puede accederse a ellos a través de la razón. Es por eso que el alma es un adjetivo. Porque son las ideas las que determinan al mundo. Determinan al ser-en-el-mundo. Se entiende así que el alma es determinada por las ideas.

Podemos decir también que el ser humano ha tenido acceso al alma a través del lenguaje. Las palabras estructuran ideas y conceptos. Estos conceptos modifican el modo de entender el mundo. A su vez, este modo de entender el mundo modifica al mundo mismo. Por tanto, el mundo no existe como tal, sino que es una creación de la razón (no digamos del hombre para no caer en un homocentrismo). Y la razón es una facultad del alma. Es el modo de pensar. Este modo de pensar, construye. Podemos decir así que el alma "crea" el mundo y que, por tanto, el mundo "tiene" alma. El mundo es como el alma lo entiende y estructura².

Nuevamente es necesario aclarar que el alma no es una cosa. No se estudia a través de las ciencias naturales. Es una idea, un proceso, un adjetivo. No existe, pero es real³. Real-iza cambios determinantes en el mundo. Vuelve realidad el modo de ser, las ideas. Deviene en actos empíricos. 

Y ahora, pues, se puede entender mucho mejor que el alma es el conjunto de los procesos mentales. Procede sobre el mundo a través de las ideas y lo modifica. También es inimaginable, pero no inaccesible. El acceso al la noción del alma es lo que se acaba de demostrar aquí. Unicamente hace falta el uso de la razón para acceder al pensamiento, a la dimensión del alma. No hacen falta condiciones morales. Cualquiera que piense y se interese por el tema podrá ver y penetrar cualquier hecho a través de la perspectiva del alma. Por tanto tendrá una visión psico-lógica. Podrá entender las implicaciones psicológicas de los hechos empíricos. Un ejemplo de ello es la interpretación a través de la idea de lo inconsciente (el cual tendré oportunidad de desarrollar en un siguiente artículo), un termino muy manoseado y comúnmente mal empleado por psicólogos y aficionados. 

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(¹) "La vida lógica del alma". Giegerich, Wolfgang.
(²) "Crítica a la razón pura". Kant, Inmanuel.
(³) Para entender esta frase recomiendo leer mi artículo ¿Qué es EXISTIR?

lunes, octubre 15, 2012

Proceso, mente y alma

Diastema
Figura de mujer separada su mente
Isis de Lázaro Cubillas
Dejemos de lado todo concepto cristiano de "alma" para pasar a comprender el concepto psicológico. Para empezar, el concepto de "alma" en el cristianismo es muy importante, pero nada tiene que ver con el estudio de la psicología.

Comúnmente, en psicología, el alma es entendida como el conjunto de los procesos mentales. Luego ¿qué son estos procesos mentales? ¿Qué es un proceso? ¿Qué es la mente? ¿Estamos hablando de cosas físicas? Primero tenemos que empezar por el concepto de proceso.

El proceso es una acción, un movimiento ¿De qué? Pues de lo que sea. Luego ¿qué es un movimiento? Digamos, uno puede ver a una persona moverse (en proceso de movimiento, en acción),  incluso puede ver el movimiento de sus células (más procesos). Puede ver cómo fluye el río y podría ver el proceso de movimiento de los átomos de hidrógeno y oxígeno del agua. Pero ¿puede verse el movimiento mismo? Es decir, el movimiento en sí. Digamos, yo puedo viajar y ver la pradera, la carretera. Pero no puedo ver el viaje, la acción, el proceso. Lo que se puede es entenderlo, dado que el proceso es una idea, un concepto abstracto, es decir, puro, esencial, libre de toda cualidad externa. Decimos entonces que el proceso es un verbo. El proceso es fluir, discurrir.

Notamos que no estamos hablando de un fenómeno físico, es decir, del movimiento de los cuerpos. Sino del movimiento mismo: el proceso. Pero, así como el movimiento físico de un ser terrestre se sostiene sobre la tierra. ¿En qué se "sostiene" el proceso en sí? Evidentemente su "sostén" no es físico. Pero advierto que estoy tratándolo casi como si lo fuera. Es decir, estoy hablando casi de una manera imaginal, para evitar abstracciones y llegar a la comprensión del tema de una forma satisfactoria, pero aclaro que lo más adecuado sería tratar este asunto de modo abstracto. Entonces, ese "sostén" sería la mente.

Ahora nos topamos con otro concepto: mente. Primero dejaremos claro cómo la mente es el sostén del proceso. Habíamos dicho que el proceso es un verbo, pero a su vez también el proceso es una idea, un concepto, por lo cual puede ser entendido, aprehendido, pensado. Luego, ¿en qué se "sostiene" el proceso? Proceso entendido ya como una idea moviente. Que forma parte de todo, que esta presente en todo. Pues si es una idea, un concepto se sostiene en la mente. Y aquí, una vez más, aclaramos que no estamos hablando de hechos físicos, de sustancias. O sea, que al decir que el proceso se sostiene en la mente no estamos hablando, primero, de la mente de un individuo particular; y segundo, tampoco estamos hablando del cerebro. Sino de la mente, que es una realidad distinta a la realidad física.

La mente es una cualidad. A su vez la mente es también una idea, un concepto, dado que existe como proceso y no como cosa física. No puede "verse". Uno, al experimentar con un cerebro se encontrará con átomos, con neuronas, con electrones, pero jamás se encontrará con el concepto de triángulo ni con la idea de bien. La mente, así, pertenece, absolutamente,  a otra dimensión. Y no hablo de las dimensiones del universo como hallazgos de la física y la astrofísica¹. Digamos que tales dimensiones son relativas a la realidad física que todos podemos ver con nuestros ojos, con aparatos microscópicos o telescópicos, con ordenadores electrónicos, etc. La dimensión de la mente no es relativa a ninguna realidad física. Es absolutamente ontológica o, si se quiere, psicológica. Recordemos que en el cerebro no podremos hallar jamás al concepto del triángulo isósceles o al número -2, puesto que las ideas no son de origen físico, sino, mental.

Concretamos así que la mente es un concepto, una idea. Puede ser entendida, aprehendida, pensada. Pero a su vez la mente es también un proceso, puesto que la mente es el pensar. Es, pues, un verbo. Es el pensamiento. Pero no es el pensamiento de alguien en particular, sino que se hace presente en lo particular. Es decir, es universal. Absoluto, en el sentido en que está ab-suelto, ab-soluto,  de sujetos particulares. No depende de algo (no pende-de).

La mente es una potencia, es la capacidad, la cualidad de pensar del sujeto universal, de "aquél" que piensa. Es un proceso constante. Su "movimiento" (su proceso, su acción) no es el movimiento físico de las cosas, sino un "movimiento lógico", mental. Por lo tanto, como la mente no pertenece a la dimensión física, es inimaginable. No hay imagen que retrate a la mente, porque no hay cosa alguna que se le parezca. Es por esa razón que es difícil entender este tipo de tema, porque no aparece en la mente como una imagen, sino como una idea abstracta. Pero será la práctica y la costumbre las que desarrollen el pensamiento y el análisis de temas abstractos. Luego, la mente no puede ser fielmente retratada, pero si puede ser aludida a través de una metáfora pictórica.

Finalmente llegamos al punto en que la mente es una cualidad, una capacidad. Pero ¿a "qué" o a "quién" le "corresponde" esta capacidad? Aclaro que con esta pregunta sustancializo al proceso mental, pero entiéndase que es una manera de simplificar este tema. (En realidad no hay un "qué" o un "quién" sustancial, físico). Pero a lo que le corresponde, propiamente, la capacidad, la cualidad de pensar, es al alma².

Una vez aclarado los conceptos de proceso y mente recién podemos abordar el tema del alma, que es también un proceso y un concepto. Por lo cual pertenece a la dimensión lógica. ¿Qué es, psicológicamente, el alma? Tendremos que responder esa pregunta en un siguiente artículo.


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(¹) (Video) "Hay otras dimensiones". Programa "Redes".
(²) Eneada IV, 3, 23. Plotino.

miércoles, julio 25, 2012

La psicología cristiana del ateo

Este artículo puede ir enlazado con El ateísmo como antónimo del pensamiento libre que toca otro aspecto de este mismo tema.

¿Cómo está constituida la "psicología cristiana"? ¿Cómo interpreta? ¿A partir de qué surge? Es menester responder a estas cuestiones antes de abarcar la analogía psicológica entre ateísmo y cristianismo.

Primero, la constitución del cristianismo deviene del pensamiento platónico. Es decir, de la idea platónica de la escisión entre dos mundos: el mundo sensible y el mundo de las ideas. De ello nace la idea cristiana de mundo terrenal y mundo celestial. Siendo la teoría platónica extensa, nos centraremos, por una evidente necesidad de argumentación sustancial, en el pilar analógico existente entre el cristianismo y el ateísmo: la valoración moral del "bien" y del "mal".

Es evidente que el cristianismo respira la valoración moral del "bien" y del "mal" platónicos. Luego la tradición (occidental) se ha encargado de volver la valoración moral como una manera "natural" de interpretar los hechos. Por ejemplo, decir en un momento que masturbarse es "malo", es darle una valoración moral a un hecho. El pensamiento cristiano tiene una justificación para ello en el personaje Onán¹. Pero justificado de cualquier manera, afirmar que masturbarse sea bueno o malo, es un juicio de valor.


Ahora, ¿sería un juicio de valor argumentar que masturbarse sea bueno o malo para la salud? Digamos que tal planteamiento lleva a la masturbación a un plano fuera de la valoración moral. Tal planteamiento es el científico, que vendría a ser "objetivo" y que, lejos de toda valoración moral busca únicamente establecer una "verdad" de hecho. Es decir, que puede verificarse si la masturbación es beneficiosa o perniciosa para la salud. Pero, ciertamente, hay que tener cuidado con aceptar qué "verdades" IMPONE la ciencia. Al parecer todos sus campos de estudio realizan investigaciones "objetivas" pero luego nos topamos con que, hace muy poco tiempo atrás, la homosexualidad era considerada como una enfermedad. Esa afirmación tenía base científica.


Digamos que en el terreno psicológico, hablar de conductas "enfermas" o "sanas", es hacer pasar por "hechos" un sistema de valores morales. Hablar en esos términos es perder toda objetividad porque, inconscientemente, hablar de "sanidad" es hablar de algo que SE QUIERE promover, y hablar de "enfermedad" es algo que SE QUIERE condenar. En tal inconsciencia el accionar científico lleva adherido la interpretación cristiana-moralista que en la edad media condenaba a la conducta homosexual como pecaminosa. Luego, al rededor de 1950, aparentemente se desmoraliza tal valoración: la comunidad psiquiátrica establece que la homosexualidad es una enfermedad mental. ¿Qué se piensa de ello en esta década? Hoy que el matrimonio homosexual es legal. Precisamente, que tras los aparentes resultados "objetivos" lo que se esconde es una valoración moral. En otras palabras, que incluso la ciencia es susceptible de interpretar y accionar desde la psicología cristiana.

En este sentido, Nietzsche propone la suspicacia atenta y constante. Pues su pensamiento no sospecha de la verdad de un enunciado. No se preguntaría si la homosexualidad es o no una enfermedad, sino, a qué punto de vista le conviene que sea así, a que valoración moral está defendiendo y promoviendo en esta afirmación. Y en ello lo que salta al entendimiento no es la búsqueda de la verdad, sino, una lucha de morales, de valores, de voluntades. Luego, incluso la gente que se cree libre de morales, se pregunta: ¿es bueno o malo esto? Y en ese mismo instante manifiestan el cristianismo viviente en sus procesos mentales. Y aún así no piensan QUÉ QUIERE DECIR bien o mal. Simplemente siguen lo que sienten que está bien. ¿Pero qué es el sentimiento? Un signo de amaestramiento. ¿Qué siente un perro cuando se le ha castigado por haber hecho algo y quiere volver a hacerlo? Siente miedo. ¿Pero ese miedo es señal de culpa? O es señal de que está amaestrado para no hacer eso, y cada vez que quiere le da miedo. Bueno, cuando una persona dice: "no debo hacer esto". ¿Qué quiere decir con "debo"? ¿"Debo" según qué moral? ¿"Quién" o "qué" determina lo que SE DEBE hacer? La moral, que es, a fin de cuentas, una construcción humana. Pero luego, al realizar una deconstrucción de estas convicciones morales, lo que se encuentra es lo que Nietzsche vio: un mundo regido por una lucha de voluntades. Y detrás de una "verdad" o de la "búsqueda de la verdad", lo que hay es una VOLUNTAD DE VERDAD. ¿Y qué busca esa voluntad de verdad? Pues no busca la verdad. Lo que busca (esa voluntad) es IMPONERSE A TRAVÉS DE LA VERDAD. Lo que busca tal voluntad es PODER. Por lo tanto, la realidad es VOLUNTAD DE PODER. CONFLICTO ENTRE DISTINTAS VOLUNTADES DE PODER³. Y está claro que con "poder" Nietzsche no se refería a la voluntad de dinero y dominio. Pues quien tiene dinero es esclavo del dinero. Quien "tiene" es esclavo de eso que tiene. Nietzsche hablaba del verbo "poder". 

Ahora, los brotes ateístas son una manifestación psicológica del pensamiento cristiano. Sus expresiones manifiestan signos inconscientes de valores morales. Calificar la postura "racional" del ateo como "mejor" es enjuiciar valorativamente desde el patrón cristiano del bien. Pues quien hace "lo mejor" es quien hace "el bien" y quien hace "lo peor" es quien hace "el mal". Aunque en realidad no se piensa QUÉ SIGNIFICA "mejor". Digamos que, "vivir mejor" (y a consecuencia de ello, vivir feliz), hoy, implica, al mismo tiempo, devastar la naturaleza². De ese modo, ideas aparentemente "objetivas" como "progreso" tocan realidad en la contradicción de ser a la vez valoraciones morales. El ateo acepta lo que la ciencia ofrece, valorando tal ofrecimiento, inconscientemente o no, como "mejor". Y a su vez, implícitamente, esa valoración impone ese "mejor" sobre "lo peor". Esto precisamente es lo que hace e hizo el cristianismo a lo amplio de su historia: IMPONER UNOS VALORES POR ENCIMA DE OTROS. Luego el siglo XX se caracteriza por ser un proceso de pérdida de fe. Sin embargo, a su vez, es el siglo de las ideologías y de las grandes guerras. Antes eran las cruzadas y luego las guerras mundiales. Imposición de unos valores sobre otros: ideología. Nacional socialismo, marxismo. Religiones secularizadas. Propuestas en las que ya no hay un interés por la verdad, sino la voluntad de llenar un vacío a través de una meta colectiva. 


Dicho esto, ¿qué es el ateísmo sino una imposición de unos valores sobre otros? Lo "racional" sobre lo "irracional" entendido inconscientemente como "lo mejor" sobre "lo peor" y finalmente "lo bueno" sobre "lo malo". ¿A través de qué verdad se intenta imponer estos valores (provenientes de la lógica cristiana)? De que no hay dios. Es decir que en el caso del ateísmo la negación de dios encubre una voluntad de imponer sus valores como verdaderos. A través de argumentos "objetivos", se busca imponer la voluntad de verdad, no la búsqueda de la verdad.

*Este artículo guarda relación con uno titulado "El ateísmo como antónimo del pensamiento libre", que puede leerse picando aquí.

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(¹) "Pero Onán sabía que la prole no llegaría a ser suya; y sucedió que cuando él tuvo relaciones con la esposa de su hermano, desperdició su semen en la tierra para no dar prole a su hermano. Ahora bien, lo que hizo fue malo a los ojos de Jehová; por lo tanto a él también le dio muerte." (Génesis 38:9-38:10) 
(²) "La devastación de la tierra puede ir junto con la consecución del más alto standard de vida de los hombres como igualmente con la organización de un uniforme estado de dicha de todos los hombres.". Heidegger, Martin. Conferencia: ¿Qué quiere decir pensar?
(³) "Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie". Nietzsche, Friedrich.

sábado, julio 14, 2012

El ateísmo como antónimo del pensamiento libre


Este artículo puede ir enlazado con La psicología cristiana del ateo que toca otro aspecto de este mismo tema.

Más allá de las clases de ateísmo existente y de diversas definiciones, puede decirse que, esencialmente, el ateísmo es la postura que niega la existencia de dios. Esta negación se apoya en conocimientos científicos que
no necesariamente comparten la visión atea. Sin embargo, a su vez, estos conocimientos científicos no apoyan sus investigaciones en la fe ni en la idea de dios. Por lo tanto, siendo la fe una actitud que no necesita comprobar para creer, no podría compatibilizar con la actitud científica, que sí necesita de una comprobación 'objetiva' para establecer una creencia. 

Pero este 'no compartir necesariamente la visión atea' es un asunto personal que no incumbe al conocimiento científico, sino a una persona en particular, a un científico. Es un tema individual, personal. Es decir, ese 'compartir' o 'no-compartir' alguna postura es personal y no involucra al proceso científico como método. Hay científicos (médicos, físicos, neurólogos) que son 'creyentes'. Pero ello los coloca en una contradicción, debido a que la ciencia que practican (el método) no admite ni se apoya en la fe. Digamos que ningún proceso útil y práctico necesita a dios para llevarse a cabo. Por ejemplo la medicina, la arquitectura, la política, la economía. Dios 'ha muerto'¹. Ya no es necesario. El mundo rige su accionar con base en la ciencia. Y de una manera implícita la ciencia niega la existencia de dios, al prescindir de él. Pero no puede negarlo como realidad. Que el conocimiento científico niegue la existencia de dios sería arrogante, como lo es creer en él sin las pruebas necesarias. Debido a ello no existe un discurso formal por parte de la ciencia que niegue rotundamente la existencia de dios. Es decir, no hay una 'teoría del ateísmo' en sí. Simplemente dios no es tomado en cuenta. La ciencia estudia la realidad. Podría decirse, desde la perspectiva cristiana, que estudia a la 'creación' y no al 'creador'. Aunque para la ciencia, estudiar al 'creador', resultaría absurdo. Y ciertamente es absurdo cuando uno ve ello a través de la perspectiva científica. 

Pero la ciencia, en sí, no es atea. Simplemente prescinde de la noción de dios. No lo necesita. Ni siquiera necesita negarlo. Se diría que quien es atea es la persona, que ha interpretado ese 'prescindir de la idea de dios' como una negación rotunda. Luego establece una posición: el ateísmo. Se apoya en la ciencia. Revisa la historia y encuentra que se han cometido horrores en nombre de dios. Se opone a toda creencia religiosa. Estima que lo que él 'cree' es la verdad. Está convencido que la creencia religiosa es 'mala', la historia se lo ha enseñado así. Por lo tanto el conocimiento científico es bueno. Siente la necesidad de comunicar las 'buenas nuevas'. 'Dios no existe'. 'La religión es mala, corrupta'. 'La ciencia tiene todas las curas, todas las respuestas'. 'Crean en la ciencia'. Es decir, que el ateo, sin advertirlo, conserva la actitud del cristiano. Son dos mil años de tradición que uno no puede quitarse de encima tan fácilmente. Pues, como el cristiano, el ateo cree ser partícipe de la verdad. Como el cristiano que detesta al paganismo y lo denuncia, hoy el ateo denuncia y denuesta al cristianismo y a las demás religiones y prácticas 'desacralizadas'. La ciencia llega a ser para el ateo el único proceso por el cual se llegará a conocer la verdad. La ciencia es sagrada. Podría llegar a cuestionar tal o cual hipótesis, tal o cual teoría, incluso tal o cual ley, pero jamás llegar a cuestionar al conocimiento científico como tal. Es decir, que el patrón cristiano de conducta habita 'vivo' y 'latente' en el hombre occidental; que se aleja cada vez más de la religión, pero que, psicológicamente, encuentra un reemplazo en la autoridad de la ciencia.

El ateo conserva, en esencia, las costumbres cristianas. Asume una actitud 'pastoral'. Utiliza medios de comunicación para 'predicar' la verdad científica. Pero en muchos casos el ateo no es un científico, sino un divulgador. Se diría que mientras más energía y tiempo se inviertan en divulgar el ateísmo más se descuida la ciencia a estudiar. Esto solo lo pueden hacer personas con más vocación de comunicadores que de científicos. Digamos que si un hombre de ciencia se denomina ateo no lo hace ni más ni menos científico. Hoy, más que nada, proclamarse ateo es una pose, una posición basada en opiniones. Ciertamente, hacerlo no sirve de nada más que para inflar un poco el ego, ya que ser ateo está volviéndose popular.

Luego, el ateísmo no es una posición ideológica. Como sí lo son el social-ismo, el platon-ismo, el anarqu-ismo, el empir-ismo, etcétera. El ateísmo es una corriente de OPINIÓN. No tiene un manifiesto ni teorías y mucho menos teóricos. Sin embargo, es una postura de opinión. Y como tal, encuentra argumentos para hacer prevalecer dichas opiniones. Precisamente el sufijo -ismo denota lo inamobible respecto a opiniones, creencias, o pensamientos, por esa razón tal sufijo puede instalarse, fácilmente, en posiciones intelectuales, religiosas o de opinión. Por ejemplo el social-ismo, el platon-ismo, el cristian-ismo, el bud-ismo y el ate-ísmo, el etnocentr-ismo, el rac-ismo (estas últimas posiciones de opinión). TODAS estas posiciones tienen en común que su visión o interpretación es INAMOBIBLE, pues si fuera moviente, en algún momento dejarían de ser lo que son. Aunque puede decirse que tales pensamientos y opiniones 'se mueven', sí, pero siempre en el mismo lugar. No ponen en cuestión su SER (ate-ísmo, cristian-ismo, social-ismo), sino le dan movimiento a sus opiniones o ideas, precisamente para SER MÁS lo que ya son. Y tal visión puede ser tomada a modo de 'doctrina', sin que necesariamente lo sea; como en el caso del rac-ismo, que es una posición inamobible. Digamos que en el momento en que el rac-ismo habitante en una persona se ponga en cuestión  empezará a dejar se ser un rac-ismo, y cambiará. Aunque previamente la persona se opondrá a esta nueva visión e interpondrá argumentos. En cualquier caso, la persona debe poner en cuestión el -ismo en el que se ubica, ponerlo a prueba, y si pasa tal prueba se dirá que tal visión no va en contra de su libre pensamiento. Esto se entiende cuando se dejan de lado los partidos y posturas a los cuales uno defiende. Cuando lo único que debe hacerse es sostener una constante revisión y cuestionamiento.

El ateísmo utiliza informaciones de diferentes disciplinas científicas para apoyar sus creencias² y opiniones. Aunque dichas disciplinas científicas jamás hayan publicado formalmente una prueba rotunda en contra de la existencia de dios. Como ya lo habíamos visto, la ciencia ni siquiera se ocupa de esos asuntos.


Últimamente los ateos se autodenominan 'libre pensadores'. Y ello es un error. En primer lugar, porque el ateísmo no es un pensamiento, es una opinión. En todo caso, el ateo hace uso de su libertad de opinión pública, pero no hace uso de su pensamiento, puesto que el ateísmo no es un campo de estudio en el que se haga uso del pensamiento. En segundo lugar, y más importante aún, porque no puede haber libertad de pensamiento en una corriente de opinión 'adoctrinada', o como habíamos visto, inamobible, incuestionable. Esto debido al sufijo -ismo que precisamente denota el concepto de doctrina. Toda denominación que lleve el sufijo -ismo no permite el estado de libertad de la opinión o el pensamiento. Es decir, que el ateo no puede pensar de otra manera. Tiene que pensar de tal manera, como una persona que comulgue con el social-ismo no puede pensar de otra manera más que la que le han enseñado a pensar y a opinar. No es libre de pensar y opinar diferente. Si así lo hiciera ya no sería ateo. Por lo tanto el ateo no puede ser un libre-pensador. Está encerrado en sus propias opiniones y no puede 'liberarse' de ellas. Está etiquetado. El ateísmo es antagonista de la religión y la religión es antagonista del ateísmo. Y cada -ismo con un ideal y un antagonista con el cual llevar a cabo la dicotomía arquetípica de lucha del bien contra el mal, verdad contra mentira³. Quitarse la etiqueta otorga libertad, no absoluta, pero sí libertad de pensar fuera de antagonismos y cánones preestablecidos. Por tanto un libre-pensador no se etiquetaría con ningún -ismo. Un libre-pensador es nada y todo a la vez. Un libre-pensador no manifiesta una postura acabada e inamovible. Un libre-pensador es como el hombre expuesto por Heidegger, una posibilidad siempre cambiante.

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(¹) «Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie» . Nietzsche, Friedrich.
(²) (De creer) 1. f. Firme asentimiento y conformidad con algo.
(³) «El mito del eterno retorno». Eliade, Mircea.
()  «Ser y tiempo» Heidegger, Martin.



viernes, junio 29, 2012

¿Qué es EXISTIR?



Tener clara esta noción ayudará al lector a comprender conceptos más elaborados, como por ejemplo el concepto de "alma" (desligado de la concepción religiosa), "mente" y "proceso". Dichos conceptos facilitarán un estudio riguroso de la psicología y la filosofía ontológica. Hoy dichas disciplinas abordan los temas del conocimiento de la realidad desde una perspectiva distinta al de la física, la química y la neurología. El lector interesado necesita tener presente estos conocimientos si desea comprender cómo está estructurada la realidad existente y no existente. 

Existir es un ser-ahí. Un árbol es una entidad material que está ubicada en un espacio-tiempo determinado. Del mismo modo cualquier entidad material. Una piedra ES una piedra, y ESTÁ ahí, en un lugar. No puede ser una piedra sin estar en un lugar determinado, de ser así no existiría (en el mundo). 'Existiría', digamos, en la imaginación, una piedra que no esté en el mundo físico. Pero la imaginación no es el único 'lugar' en donde puede 'ubicarse' el ser puro. Por lo tanto EXISTIR es SER y ESTAR. Todo existente cuenta con estos dos aspectos siempre unidos entre sí. Y de esta forma están determinadas todas las cosas físicas existentes. Son y están. Es decir, son sí mismas y están ubicadas en un espacio-tiempo físico. Ese es un aspecto de la realidad, que está compuesta, en una parte,  por seres ónticos (entidades, entes, cosas) que están presentes físicamente. La  materia¹.


Resumiendo, existir es igual a un ser con una determinada ubicación². Y ello da pie a la pregunta ¿Qué es 'ser'? Digamos que tenemos noción de lo que es el ambiente físico, el mundo, las cosas. El ser se encuentra en las cosas, pero las cosas no son el ser. Esto será explicado en otra ocasión.

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(¹) Término muy polémico que da pie a la discusión sobre la 'vida' (materia viva) que luego tendré ocasión de exponer.
(²) La ubicación del ser deja abiertas las preguntas: ¿Y dónde están ubicadas las todas cosas existentes? En el universo. ¿Y qué es el universo? ¿En dónde esta ubicado, a su vez, este universo? ¿Qué es, entonces, esa ubicación en donde está el universo?





jueves, marzo 22, 2012

El hombre al servicio de la economía y la ausencia de su voluntad


¿La economía está al servicio del hombre o el hombre está al servicio de la economía?
¿Es discutible? Ya parece que no. Al menos en el siglo XXI. El hombre vive atado a un sistema económico que le obliga a generar dinero a costa de su libertad individual.

Por ejemplo:
El dueño de una gran empresa tiene que estar a la cabeza de la competitividad sino el rival le vencerá, desplazándolo. No tiene elección. Si no quiere desaparecer, la empresa tiene que ser "la mejor".
Este es el paradigma que siguen las empresas. Las excepciones no representan a la realidad. Luego en pos del liderazgo la empresa puede cometer errores que atenten contra la humanidad. Lo vemos todos los días en los noticieros. El fin justifica los medios.
Psicológicamente el hombre se somete a la economía como se sometía antaño a un dios. Le sirve, a costa de su libertad individual. Hace lo que le obligan sus leyes. No se rebela por temor a perderlo todo. Cree que es lo absoluto, es decir, no puede imaginar un mundo o un sistema diferente. No cuestiona. Defiende sus intereses. Ataca a los que piensan distinto. Acude a lugares 'sagrados' como los bancos, que es donde está la representación del "dios": el billete, la moneda. Es por eso que nos horrorizaríamos si alguien destruyera billetes. Como antes se horrorizaba uno cuando alguien profanaba la cruz o La Biblia. Solo un completo ignorante podría destruir un billete, un pagano. Haría falta convertirlo para que 'se dé cuenta', para que 'abra los ojos', para que 'viva en este mundo'.
Ahora, parece que los que tienen más dinero (los "favorecidos", los "bendecidos") están "mejor". Aparentemente sí. Pero solo en apariencia. Puesto que son tan sirvientes del "dios" como cualquiera. Solo cumplen un papel, un rol distinto. Pero servir a la economía, en mayor o menor escala, sigue siendo servir. Incluso el hecho de "tener más" lo hace a uno, a la vez, más esclavo de lo "tenido". Uno siempre se aferra a "lo que tiene".  Creer estar "mejor que otros" es la ilusión que uno se fabrica para no ver que en realidad no tiene elección. Solo un esclavo no puede elegir ni decidir sobre su vida. Pero todos nos creemos libres. Parece cierto que mientras más libre se estima una sociedad es cuando más esclavizada está por una ilusión de libertad.
Así, las personas hacemos que el "dios" siga vivo y vigente. Hacemos girar la maquinaria de la economía cada vez que compramos o cada vez que invertimos. Seguir otro camino nos costaría caro. El destierro. Nos veríamos atrapados, sin salida. El "dios" no nos ha enseñado a ver con nuestros propios ojos e imaginar un mundo distinto, no digamos "mejor". ¿No lo hay? ¿No se puede vivir de un modo diferente al de hoy? Es muy probable que no que en este preciso instante no. Pero eso no nos limitaría de poder imaginar otro sistema. No nos quita la posibilidad de idear y proponer. A menos que rompamos relaciones con el sistema económico ¿quién lo haría? Luego si en el futuro se da un cambio de sistema (la historia nos ha demostrado que los sistemas son etapas temporales) será a partir de éste, pero no será llevado a cabo por personas psicológicamente sometidas, sino libres de la influencia de la época.
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Les dejo La Corporación. Excelente documental. Desenmascarador. Para ver la información sobre el documental dar click aquí

sábado, marzo 10, 2012

La mirada profunda del intelectual (A propósito del arte "chicle" y la basura mediática)



¿Qué tan banal puede ser una noticia sensacionalista, un hit musical o una película taquillera? En los tres casos estamos hablando de productos para el consumo masivo que tienen como único fin el vender. Estos productos pueden llegar a ser totalmente intrascendentes, es cierto. Aunque haría falta preguntarse: ¿para quién serían intrascendentes? O mejor aún ¿para qué tipo de observador serían intrascendentes? Lo serían, probablemente, para el observador de lo particular. Para aquel que ve en los hechos problemas particulares y no universales. Para aquél que ve de manera superficial. Para el que ve solo hechos y nada más. Así, pues, muchas expresiones se entienden como banales. Quizá no por las expresiones en sí, sino, ciertamente, por la mirada del observador. Y es que detrás de un hecho siempre se esconde una pregunta. El hecho no hace más que invocarla. Por ejemplo, una noticia que aluda a algún personaje del espectáculo nos despertaría la pregunta: ¿Por qué hay tanta demanda por este tipo de informaciones? Aunque, como ya había dicho, una mirada superficial preguntaría: "¿será cierto o no será cierto que fulano fue infiel?". Es decir, se fijaría únicamente en el hecho, mas no penetraría en su significado. No podría preguntar: ¿por qué razón las personas traicionan su compromiso y son infieles? Esto sería ver lo universal en lo particular, y para mirar de esta forma tendría uno que dejar al hecho en un segundo plano, aunque la mirada superficial nos lleva a hacer todo lo contrario. Luego quizá quiera esto simplificarse afirmando que no es lo mismo mirar que observar. Que el observar implica atención minuciosa. Pero incluso un buen observador puede serlo sin dejar de mirar lo particular. Es decir, en el caso del ejemplo del personaje infiel, quizá podría manifestar una observación como: "Es muy probable que este señor haya sido infiel, puesto que ya tiene antecedentes" o "su padre, el muy célebre, fue un conocido infiel". Uno puede ser muy observador sin salirse del contexto aludido. No tiene nada que ver. En este caso, la mirada del intelectual debería ser altamente penetrativa y perspicaz.
En conclusión, no hay hechos intrascendentes, sino, perspectivas cortas.
El video que he alojado en este post es una composición del cantautor salvadoreño Álvaro Torres titulada "Si estuvieras conmigo". Esta canción (inicialmente una balada) fue convertida al género salsa e interpretada por el cantante Roberto Blades. La letra es completamente entendible, aunque llaman la atención los versos "Quién soy. Adónde voy. Si en este mundo incierto donde vivo yo, lo único que quiero eres tú, mi amor. Mi única verdad". Tras otra interpretación, podría afirmar que tal vez la mujer a la que alude en la canción no sea una mujer en sí, sino el amor mismo. O, hablando en términos arquetípicos, quizá aluda a la diosa del amor (es decir, el amor en ). Y que sufre porque no tiene amor, pues quien está solo, ciertamente es quien no siente amor. No digamos el amor por una mujer o por un hombre, sino amor en general. Quién no ama deja de ser humano y por lo tanto se encuentra en una situación de soledad, de vacío. Ya dijo Fromm que la respuesta al problema de la existencia humana es el amor. Y que su desarrollo conlleva a la disolución del estado de separación con la naturaleza. Desde esa perspectiva pueden entenderse los versos: "Solo. Qué solo estoy. Aún con tanta gente a mi alrededor yo sigo solo". Y el coro se entiende aún mejor. Lo saben los más reflexivos, que cuando uno se enamora de algo o de alguien, es feliz no por amar a ese algo o a ese alguien, sino que en el fondo está enamorado del amor y eso le hace feliz. Uno vive más enamorado de la sensación que de la persona. Es por eso que muchas personas, actividades o cosas nos hacen felices, simplemente porque nos hacen amar.